Empleados: se necesitan $50.000 para no ser pobre pero a los $ 73.102 ya se pagan Ganancias

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El fuerte aumento del 5,7% en octubre del valor de la canasta básica de pobreza agrandó la distorsión del impuesto a las Ganancias sobre los trabajadores registrados y autónomos.

Es que cada vez más, la canasta básica familiar de pobreza – que en octubre fue de $ 49.911,60, casi $ 50.000, y representa el dinero necesario para no ser pobre- se acerca al valor del mínimo no imponible de Ganancias. Y esto significa que basta contar con un salario un poco superior al valor de la línea de pobreza para quedar alcanzado por el impuesto a las Ganancias y que, los ya alcanzados, paguen más. A la vez el impuesto se lleva una parte mayor de los ingresos de los trabajadores y queda una porción menor para las necesidades básicas que necesitan las personas y familias.

Por ejemplo, el mínimo no imponible para una persona casada, cónyuge y 2 hijos es de $ 73.102 y la canasta básica familiar de $ 49.911,60. O sea, la canasta familiar de pobreza representaba el mes pasado el 68,3% del minino no imponible. Tan solo unos años atrás, esa relación era del 40%. Esto significa que, en lugar de $ 73.102, el mínimo no imponible debería ser de $124.779.

Este año el mínimo no imponible se ajustó en enero  un 44,27%, por debajo del 53,8% de inflación de 2019. Así, con salarios en términos reales más bajos – cayeron más del 15% en los últimos 3 años – el peso de Ganancias en los sueldos de los trabajadores es mayor. En consecuencia, se empieza a tributar Ganancias a partir de ingresos reales más bajos. Dicho de manera más directa y simple: se produce el absurdo de pagar o pagar más por el impuesto a las Ganancias ya no por tener ingresos reales más altos sino más bajos.

Esto pasa porque el mínimo no imponible se actualiza una vez por año y por el RIPTE (Remuneración Imponible de Trabajadores Estables) que es un índice salarial promedio que elabora Seguridad Social que, en los últimos años, fue evolucionando por debajo de la inflación.

Como sucede con todas las variables que se ajustan una vez por año con una inflación del 30, 40 y hasta más del 50% anual que golpea todos los días y con salarios que se ajustan por debajo de la suba de los precios, todas las semanas y todos los meses, el mínimo no imponible queda desfasado. Una solución es actualizar el mínimo no imponible por la inflación cada 6 o hasta cada 3 meses.

El tributarista César Litvin dice que “la solución a esta problemática es cambiar de índice de actualización por el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y ajustar las deducciones en forma semestral. De seguir con los criterios actuales, el Estado está cobrando el impuesto a las Ganancias sin medir adecuadamente la capacidad económica de los contribuyentes. Conceptualmente el minino no imponible debe considerar los gastos de subsistencia de los trabajadores. Si esos gastos aumentan y el mínimo se mantiene inalterable, el impuesto a las Ganancias se lleva parte de lo necesario para el sustento de las personas y familias”.

Fuente: Clarin – Infobae

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